miércoles, 28 de marzo de 2012

Las resurrecciones de Lázaro




La máquina narrativa del Lazarillo de Tormes está construída, o digamos que funciona, de la siguiente manera. Hay una serie, que se prolonga como una cadena, en la que Lázaro muere y resucita continuamente. En primer lugar, muere de hambre. Es empujado por la serie de sus amos a una muerte lenta por escasez de alimentos recibidos. Como Lázaro no tiene manera de aumentar la cantidad de comida que recibe por vía, digamos legal, puesto que está empleado con sus amos a vida completa; no puede hacer horas extras, no cabe ese concepto en su existencia económica. Tiene entonces que procurarse la materia prima que a su cuerpo le falta para no perecer mediante el hurto. Robando comida a sus amos. La primera muerte pues es por hambre. Un hambre programada y calculada mediante la violencia. La primera resurrección es el robo. Luego, cuando Lázaro es descubierto, es castigado mediante la violencia física: palos, patadas, mordiscos, arañazos, etc. La violencia a secas reprime su rebeldía. Esta es su segunda muerte. Tras haber sido reducido a un estado deplorable por los palos del amo, Lázaro tiene que ser curado por el mismo amo, pues su servicio lo vale. He aquí su segunda resurrección. Esta vez su reanimación se produce mediante el cuidado médico, y la medicina empleada es el remedio entre los remedios: el vino. A continuación la rueda vuelve a girar: otra vez el hambre, otra vez el robo, la paliza, el vino. Hambre, robo, golpes, vino.

Lázaro habita una realidad constituída por la violencia y es la propia violencia la que sustancia el tan alabado realismo de la novela. Lázaro ha de poner en práctica su propio realismo sino quiere ser consumido por la violencia. Sus técnicas de resurrección violentan ellas mismas el orden violento en el que alientan. La novela es precisamente eso, el relato del funcionamiento de un orden violento. Y en un orden violento no puede haber más que una cadena contínua de muerte y resurrección, lo que constituye el resorte narrativo de la obra.

domingo, 18 de marzo de 2012

Escribir

"En cuanto al motivo que me impulsó, fue bien simple. Espero que, a los ojos de algunos, pueda bastar por sí mismo. Se trata de la curiosidad, esa única especie de curiosidad, por lo demás, que vale la pena practicar con cierta obstinación: no la que busca asimilar lo que conviene conocer, sino la que permite alejarse de uno mismo. ¿Qué valdría el encarnizamiento del saber si sólo hubiera de asegurar la adquisición de conocimientos y no, en cierto modo y hasta donde se puede, el extravío del que conoce?"

Michel Foucault, El uso de los placeres, Siglo XXI, México, p. 12

¿Qué vale una investigación que no nos lleva a dónde no queríamos llegar o, al menos, a donde no pretendíamos llegar? Una indagación tal, no produce ningún descubrimiento -en rigor, no produce nada. Lanzarse a confirmar una hipótesis es completamente estéril. Si uno se pone a escribir y no llega a un punto en que es la escritura la que avanza, ha fracasado.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Whalesong

En estos tiempos de fuerte reacción poética, en los que el malditismo americanizante se ha convertido en el manierismo al uso, (cuando no la exhibición de pobres intimidades, el "sucio secretito" propio de cada uno); resulta que se sienta uno en el metro y frente a sí alguien ha pegado un poema verdaderamente cósmico, escrito por una muchacha de 19 años. Fue hace unos meses, tal vez más, dentro del programa Poems on the Underground de la empresa de transporte público de Londres. La autora es Sophie Stephenson-Wright. El original puede leerse aquí, en la imagen.


















Whalesong no es solamente la canción de la ballena, sino, más propiamente, los sonidos que emiten los cetáceos que para algunos constituyen un lenguaje. La poeta, en su devenir ballena, utiliza la lengua inglesa para construir con ella una lengua extranjera que nos permita oir el canto de la ballena y las historias que llenan el mar cabalgando sus ondas. Así se nos ofrecen en veinticuatro verbos recién acuñados, otros tantos afectos de la ballena, entre los cuales, "cartografiar la luna" y "hundir barcos".

lunes, 27 de febrero de 2012

El especial sobre Nicholas Ray de Shangrila


El último número de la revista Shangrila dedica un especial al más díscolo de los grandes del cine. Estas casi 400 páginas de ensayos, entrevistas y hermosas imagenes, suponen un verdadero acontecimiento acerca de uno de los grandes pensadores del cine americano. Víctor Erice, Miguel Marías, Jos Oliver, Susan Ray y hasta una treintena de nombres, destilan su experiencia sobre el cine del autor de The Lusty men. Como ya ocurriera con Alexander Klüge o Dostoievski en números anteriores, Nicholas Ray se une a esa tan necesaria línea del frente que Shangrila viene construyendo desde hace tiempo. En la página de Shangrila ediciones se pueden leer fragmentos de todos los artículos y también comprar la revista.


lunes, 13 de febrero de 2012

Esquilo, o del volcán

«De una conciencia así emana el tono mayor de la obra, su amplitud de dimensiones, su potencia sísmica. El enorme peso soportado por esa conciencia, junto con la sublimidad, transmiten a la obra del escritor toda su pesadumbre y su carga dramática. Otros escritores para los que resulta ajena esa carga, en su impulso por justificar, por glorificar incluso la elusión del compromiso, se afanan en demostrar que es más valioso, más hermoso e incluso más moral dar testimonio de la descomposición de una mariposa que de un imperio. En los engranajes de este último pueden estar mortalmente atrapados los destinos de decenas de millones de personas, sin embargo ellos se muestran dispuestos a cerrar los ojos ante ese hecho e insistir en el drama de la mariposa.»

Ismaíl Kadaré, Esquilo, el gran perdedor, Siruela, Madrid, 2006, p. 56

martes, 7 de febrero de 2012

Menandro, o de la literatura


Menandro, el triunfador de la Comedia Nueva, comedia de costumbres, comedia burguesa; comedia de asuntos privados: amoríos sobre todo. Equivalente helenístico de lo que en los años noventa del pasado siglo Gilles Deleuze llamó la novela del periodista. Todavía, aunque lo consideramos un autor mucho menor comparado con Aristófanes, lo consideramos un clásico: nos sorprende descubrir ciertas cosas que no nos son ajenas al cabo de más de dos milenios. Alguien se sorprende al llegar a saber que "sentían como nosotros". Como decimos, sin embargo, el canon consagra a Aristófanes como un autor mucho más genial, nosotros también. Aristófanes el obsceno, el crítico, el desafiante, el popular, el épico, el político, el admirador y crítico mordaz de Eurípides a un tiempo, el comensal de El Banquete ... La diferencia entre estos dos autores es de sustancia; la audacia de uno y las medianías del otro. Nada que no esté en sus textos es necesario recoger para juzgarlos. No obstante, el sentido de la palabra literatura cambia de frecuencia según lo apliquemos a uno o otro y la intensidad de esa frecuencia oscila en función del peligro: entre el peligro crítico y bélico aristofánicos y el aburrimiento imperial de Menandro.

En el primer caso tenemos a una literatura oprimida por la historia, una historia urgente que, cual coloso, amenaza con aplastar a la polis en segundos. Del otro lado, una disidencia íntima, una lucha personal, un exilio interior (retirado en el Pireo junto a la hetaira); una rebeldía, en fin, que se refiere a "valores universales". Ya no se trata de esta guerra o esta paz, si no de la Guerra y la Paz.

Comparación necesaria para un aprendizaje temprano de la literatura.

jueves, 26 de enero de 2012

Still life


Del hombre dijo Píndaro que es ser de un día (efímero). Lo mismo se dice de las mariposas, que también eran llamadas por los griegos psijé. Lo que en ellas sugiere fugacidad en los seres humanos quiere ser síntoma de eternidad, o  tal vez no. Tal vez esa eternidad sólo pueda ser asimilada al instante, lo que no dura. O a la vida, que es frágil, breve y ligera como un soplo.

martes, 24 de enero de 2012

Literatura



"Se contaba que, cuando, antes de la batalla de Maratón, el mensajero que había ido a pedir ayuda a Esparta regresaba atravesando el monte del Partenio sin haber logrado su propósito, se le apareció Pan, el cual prometió su amistad y auxilio a los atenienses. Y, en la batalla, un hombre en blusa de campesino, el semidiós Equetlo, así llamado por la esteva del arado, había surgido del suelo patrio y segado a los persas con su guadaña. Cuando, en Salamina, los griegos se jugaban el todo por el todo, de la Eleusis de los misterios resplandecían luces enigmáticas, y desde Egina, gigantescos seres armados extendían sus brazos sobre los barcos de los griegos. Heródoto pone en boca de Temístocles (8, 109) lo que todos pensaban después de la victoria: no hemos realizado nosotros esta hazaña, sino los dioses y héroes."

Albin Leski, Historia de la literatura griega, Madrid, Gredos, 1989, p. 268

domingo, 28 de agosto de 2011

La técnica del "enculamiento" en filosofía

Pero, ante todo, el modo de liberarme que utilizaba en aquella época consistía, según creo, en concebir la historia de la filosofía como una especie de sodomía o, dicho de otra manera, de inmaculada concepción. Me imaginaba acercándome a un autor por la espalda y dejándole embarazado de una criatura que, siendo suya, sería sin embargo monstruosa. Era muy importante que el hijo fuera suyo, pues era preciso que el autor dijese efectivamente todo aquello que yo le hacía decir; pero era igualmente necesario que se tratase de una criatura monstruosa, pues había que pasar por toda clase de descentramientos, deslizamientos, quebrantamientos y emisiones secretas, que me causaron gran placer.

Gilles Deleuze, Conversaciones



viernes, 29 de julio de 2011

Cante jondo



Charlie Patton, 1891-1934



Manuel Torre, 1878-1933

martes, 26 de julio de 2011

Flechas (Bibliografía)



Revelación

       But the fourth man said, Yon man in red
      In this place has no fellow.  
     For that was Robin Hood himself,
      For he was cloathd in red;
       At every shot the prize he got,
      For he was both sure and dead.  
     So the arrow with the golden head
      And shaft of silver white
       Brave Robin Hood won, and bore with him
      For his own proper right.  
     These outlaws there, that very day,
      To shun all kind of doubt,
       By three or four, no less no more,
      As they went in came out.  
     Until they all assembled were
      Under the green-wood shade,
       Where they report, in pleasant sport,
      What brave pastime they made.  
     Says Robin Hood, All my care is,
      How that yon sheriff may
       Know certainly that it was I
      That bore his arrow away.  
     Says Little John, My counsel good
      Did take effect before,
       So therefore now, if you'll allow,
      I will advise once more.  
     'Speak on, speak on,' said Robin Hood
      'Thy wit's both quick and sound;
       [I know no man amongst us can
      for wit like thee be found.']  
     'This I advise,' said Little John;
      'That a letter shall pend,
       And when it is done, to Nottingham
      You to the sheriff shall send.'  
     'That is well advised,' said Robin Hood,
      'But how must it be sent?'
       'Pugh! when you please, it's done with ease,
      Master, be you content.  
     'I'll stick it on my arrow's head,
      And shoot it into the town;
       The mark shall show where it must go,
      When ever it lights down.'  
     The project it was full performed;
      The sheriff that letter had;
       Which when he read, he scratchd his head,
      And rav'd like one that's mad.  
     So we'll leave him chafing in his grease,
      Which will do him no good;
       Now, my friends, attend, and hear the end
      Of honest Robin Hood. 
The Golden Arrow, Balada tradicional.



La playa de Yashima

Como la diana estaba algo lejos del alcance de la flecha, con presteza hizo avanzar el caballo mar adentro hasta ver que el agua bañaba el vientre del caballo. Era el día dieciocho del tercer mes, en el primer cuarto de la hora del gallo, y en ese momento soplaba violento viento del norte. El barco era pequeño y las olas se levantaban altas. Se veía que el barco subía y bajaba entre las olas y el abanico no quedaba fijo. Entonces Yoichi cerró los ojos y oró en su interior, pidiendo: "Salve al gran Buda de Hachiman y al Gran Dios Aizen de Nasu. No hagáis que se desvíe la flecha." Y al abrir bien los ojos vio que amainaba algo el viento y parecía que el abanico ofrecía un blanco fácil. Yoichi, aunque guerrero de corta estatura, tensó con fuerza su gran arco de doce soku y tres fuse y disparó, rauda la flecha. La flecha, sin errar, golpeó fuertemente el abanico más o menos a un sun hacia arriba del clavillo. Mientras la flecha con kabura cayó al mar, el abanico voló hacia el cielo y después de dar unas vueltas en el vacío agitado por el viento primaveral, se sumergió rápidamente en el agua.


La playa de Yashima, Zeami



La segunda flecha

GESSLER.- ¡Oye, Tell!
TELL (Volviendo atrás).- ¿Qué mandáis, señor?
GESSLER.- Ocultaste una flecha en tu pecho... Si, si; lo vi bien... ¿Con qué objeto?
TELL.- (Confuso).- Señor, es costumbre usada por los ballesteros.
GESSLER.- No, Tell, no es verdad. Otro ha sido tu objeto. Dime la verdad, libre y francamente, Tell. Sea lo que fuere, te garantizo la vida.. ¿Para qué esa segunda flecha?
TELL.- Bien, señor; puesto que me aseguráis la vida, os diré toda la verdad. (Saca la flecha del seno, y lanza al Gobernador una mirada terrible.) Con esta segunda flecha hubiera atravesado... a vos, si hiriese antes a mi hijo querido, y la vuestra... de seguro no hubiese errado el blanco.

Friedrich von Schiller, Guillermo Tell



Sentencias y flechas

De la escuela de guerra de la vida. Lo que no me mata me hace más fuerte.

Nietzsche, El crepúsculo de los ídolos.



La democracia según Marcel Mauss

La existencia de la democracia pura es un mito establecido en el siglo XVI por la federación de cantones suizos.


Marcel Mauss, Introducción a la etnografía

viernes, 1 de abril de 2011

Question marks


Puede construirse un  afecto de la muerte?

No es la nekia como género un afecto de la muerte?

No es la obra de Primo Levi una nekia contemporánea?

No regresó Primo Levi de la muerte para contarlo lo mismo que Ulises?

No reside el porqué de la escritura es haber visto algo demasiado grande, "más grande que uno mismo", según Deleuze, y no es ese el gemido del profeta?

No es la vergüenza un contrapunto de ese algo tremendo entrevisto?

No es la poesia la más inocente de las ocupaciones (Hölderlin)?

No era Primo Levi poeta?

No lo era Paul Celan?

Y no regresó de la muerte para contarlo, dein aschenes Haar Sulamith?

Un afecto no es una representación.

Sólo hay dos cosas que no pueden representarse, según Juan Muñoz: el presente y la muerte.

La representación es la muerte.

miércoles, 30 de marzo de 2011

El ocaso de los señores de la imprenta


Hacia 1995 un acontecimiento marca el ocaso de una relación de dominación que había durado más de cinco siglos: el vínculo indisoluble entre publicación e impresión. La invención de la imprenta en el siglo XV transformó la producción y difusión de la palabra escrita en una industria y vio emerger la figura del editor y una nueva forma de negocio, la edición. La venta de libros no es, por supuesto, un invento de la era Gutemberg; pero sí lo es la figura del editor como decididor.

La aventura de Gutemberg fue efímera. Antes incluso de terminar de imprimir su primer libro (150 copias de la Biblia de 42 líneas) se quedó sin dinero y tuvo que pedir prestado por tercera vez a su prestamista habitual , que esta vez se negó en rotundo. Es más, el hombre decidió ejecutar los anteriores préstamos y se quedó con el taller y los libros impresos hasta ese momento. Gutemberg, que no parecía ser demasiado fino con las cuentas, se retiró, humillado. Nació así la Industria Editorial que, curiosamente, no se limitaría sólo a comerciar con las palabras, sino también al sonido, en tanto que éste puede ser representado en signos imprimibles.

Muchos temen la muerte del libro, que tiene 3000 años, pero se habla mucho menos de algo que se ha producido ya, de manera irremisible. El nacimiento de internet ha supuesto la muerte de la imprenta y con ella del poder editorial. Paradójicamente, el libro ha sobrevivido y parece que, independientemente de su forma, sobrevivirá. De hecho, el libro tenía 2500 años cuando nació la imprenta,  y en forma rollo de papiro, pergamino, manuscrito iluminado, volumen impreso, archivo PDF o cualquier otro formato electrónico, permanecerá a la vista. Había una vasta literatura antes de la imprenta y la hay y la habrá después. La imprenta no ha aportado nada a la literatura como creación: la Odisea, El Banquete o Las Aves nunca la necesitaron. Su aportación específica fue la disciplina, el gobierno de la República de las Letras. Porque la imprenta, como el apólogo sobre el infortunio de su inventor enseña, fue la condición de posibilidad del poder editorial. En el fondo, lo que se oye tras los debates sobre la piratería electrónica no es más que el llanto de los que han perdido ese poder. Pero queramos o no, la literatura rentista es un invento reciente y mi sospecha es que está indisolublemente ligada, no a la palabra publicada, sino a la palabra impresa. A pesar de que la existencia de tantos autores millonarios pueda desviar nuestra atención, el escritor siempre tuvo un oficio honrado. 

El colapso del poder editorial es contundente, y se deriva de un hecho cabal: ya no controla el acceso a la publicación porque ésta se ha disociado completamente de la industria impreso-editorial. El ejemplo más contundente  de lo que venimos hablando lo tenemos en los periódicos.

El mundo de la publicación se ha deslizado hacia un plano de libertad total de la que gozan y son dueños tanto productores como receptores. Ningún magnate editorial decide quién, cúanto, cómo, dónde y cuándo se escribe; ningún director de periódico decide quién, cuánto, cómo, dónde,y cuándo se informa. Hechos muy recientes lo han puesto de manifiesto, por si quedara algún resquicio para la duda. Hoy, sólo los que crean y los que leen deciden. Es más, periódicos y editores van a remolque de éstos llegándose a dar el extraño fenómeno de que los tradicionales medios impresos y de comunicacion a distancia (TV y radio) imitan a los medios electrónicos. Imitación, por otra parte, completamente fastasmagórica, banal y ridícula.

Todo esto ha sido posible gracias al algoritmo de google. Sólo el mejor texto queda arriba y eso lo deciden los que usan el texto. No lo decide el crítico del diario de turno pagado por la editorial que publica el texto. Cómo opera el algoritmo?, en qué consiste ese concepto de "el mejor"? En algo muy sencillo: el que más derivados genera, ése es el mejor. El más usado. Esto no es nuevo. En el mundo clásico eso era precisamente lo que decidía qué textos iban a permanecer vivos en el tiempo: cuanto más citado sea un texto más larga vida tendrá.

Los efectos en el medio universitario no son menos dramáticos. Hoy día se sabe que un texto impreso tiene menos lectores potenciales que un texto publicado electrónicamente, en una proporción probablemente de 1/100.

Digamos que ésta es la realidad del libro hoy. Cómo van a rentabilizar las empresas editoriales la nueva encarnación del libro? Ni lo sé ni me interesa. En todo caso pienso que lo tienen crudo. Tal vez sea hora de que el escritor vuelva a tener un oficio honrado.

domingo, 20 de marzo de 2011

Revista Shangrila


Artículo publicado hace un año en el número 11 de la revista Shangrila, editada por Shangrila Ediciones, dedicado a "El lenguaje de la memoria": "Sumire ya no fuma", Shangrila Nº 11, página 133

domingo, 13 de marzo de 2011

La sociedad performativa


No sabemos si es gracias al mercado o a otra cosa, pero la verdad es que la mayoría de los individuos entregados a una disciplina determinada, son a la vez performers. A menudo, sirva como ejemplo, un escritor, además de escribir, tiene que firmar libros, dar discursos, hablar en la radio, salir en TV, ofrecer entrevistas y otras muchas otras actuaciones que no tienen esencialmente nada que ver con la escritura. Todo ello como un proceso de promoción destinado a ayudar a vender (envolverlos con otra cosa que la literatura) sus libros, por ejemplo. Lo mismo le pasa a actores, cineastas, deportistas, políticos, etc. Incluso gente que no hace nada, que no tiene nada que promocionar, se encuentran misteriosamente arrojados a un proceso de promoción de los negocios de otros. Se podría decir, pues, que la sociedad actual tira de nosotros hacia la performance, pero esto es algo que seguramente se puede decir también de sociedades pasadas. Lo específico, probablemente, de nuestro "hoy" en este sentido, sea el marco mercantil en que la performance se transforma en promoción, y sobre todo el caso extremo en que la propia promoción se trasforma ella misma en mercancía. 

El concepto debordiano de sociedad del espectáculo todavía se encuentra enredado en las raíces del universo representacionista (imagen/cosa, copia/original, representación/realidad, apariencia/ser ...). Se trata de un proceso velador, un concepto negativo de la imagen y una teoría también negativa del poder al uso. Sostener la verdad de esas oposiciones, es "la separación consumada" en toda regla. La solución hubiera pasado más por Nietzsche que por el Marx hegeliano. "Todo lo que era vivido directamente se aleja como representación". La teoría generalizada y restringida de la representación se dan aquí la mano en cierta confusión, primero como ontología y segundo como fantasmagoría. Debord está dentro de una larga tradición que cobija también a muchos de los autores por los que sentía admiración. Su sociología de las apariencias es deudora de su devoción barroca; ya se sabe, Baltasar Gracián y todo eso. Es curioso notar que en la Francia de los años 60 del siglo XX, la universidad (la Academia) iba por delante de la calle, principalmente gracias a la asumción de la filosofía de Nietzsche (parece que Debord, que álguien me corrija si no, nunca lo citó). Esta vieja filosofía representacionista que el situacionista quiere rehabilitar y mantener como arma de la revolución en 1967, es precisamente la que está siendo atacada sin tregua por los filósofos "funcionarios": Las palabras y las cosas de Michel Foucault de 1966, Diferencia y repetición y Lógica del sentido, 1968 y 1969 respectivamente, de Gilles Deleuze.

El situacionista lidia con la audacia de sus procedimientos y lo conservador de sus ideas (no sé si debo llamarlo la "práctica teórica"), rehabilitando los transmundos a su propia manera. Entendemos que el espectáculo es originariamente performance. La sociedad performativa es aquella en las disciplinas se encuentran rodeadas de una actuación espacio-temporal, exactamente como ocurre en el arte contemporáneo. El espectáculo no remite necesariamente al simulacro. No en tanto que la performance es fundamentalmente productiva, positiva e inmanente, terrenal.

No se trata de negar que el mundo sea un gran teatro sino de cuestionar que lo que ocurre sobre el escenario sea tan sólo un espectáculo.

La tarea de filtrar el situacionismo de todo ese hegelianismo que lo mina sigue misteriosamente aplazada tántos años después.


sábado, 5 de marzo de 2011

Territorio animal

Al contrario que los animales, los seres humanos acostumbran a estrechar cada vez más su campo de acción. Determinadas atribuciones excluyen otras: casi siempre en un proceso que va del nomadismo a la sedentarización. Tener un coche es una forma sedentaria de viajar, a no ser que sea la única forma posible de hacerlo: conduzco cuando quiero y con quien quiero, es decir, neutralizo los encuentros azarosos del camino. Existen trampas sociales para atrapar al lobo herrante, la mayor de ellas es el trabajo (Jack London). A fin de cuentas, ser un nómada no es más que el saberse sometido a los encuentros azarosos en tal forma que el camino en línea no es más que una entre infinitas posibilidades. Así, por ejemplo, cuando se habla de literatura también existe una literatura sedentaria en tanto que ciertos escritores, los literatos, también están sometidos al vicio de estrechar cada vez más su horizonte, desarrollar la obsesión por el control absoluto de una fórmula canonizada por periodistas y editores. La escritura ha de ser una forma de ampliar la experiencia. Y opongo escritura a literatura en un sentido deleuziano: "El autor es un sujeto de enunciación, pero el escritor no, el escritor no es un autor. El escritor inventa agenciamientos a partir de agenciamientos que le han inventado, hace que una multiplicidad pase a formar parte de otra."

Los literatos sólo se preocupan de la literatura y de aprender de otros literatos; la escritura, sin embargo, opera más como lo haría el artista contemporáneo a la hora de ampliar la experiencia: no basta con ser escultor, pintor, o cineasta; es necesario ampliar la experiencia de la pintura, la escultura o el cine por la vía de la instalación, la performance ... el agenciamiento. Es necesario aprender de otros. Es necesario sobre todo aprender de lo-otro-de-la-literatura.

Es curiosa la actitud de esos literatos que todo lo filtran a través de la literatura y cuando, por ejemplo, quieren hablar de Auschwitz lo hacen evocando sus lecturas sobre el asunto. Incluso habiendo estado allí lo que escriben no pasa ser glosa de historias amables. Mientras otro escritores aparentemente sedentarios son capaces de ampliar la experiencia con sólo combinar determinadas sensaciones.

Recuerdo como en décadas pasadas críticos y literatos condenaban escrituras inmensas en experiencia, escrituras que todavía están por dar fruto, como la de Juan Benet, esgrimiendo novelas y tediosos libros de viajes que te plantaban la batalla de Trafalgar como si de un asunto de documentación literaria se tratara. Tampoco puedo dejar de recordar aquella ocasión en la que un profesor de literatura de la Universidad de Sevilla y crítico oficial de su amigo, millonario autor de novelas de espadachines; glosaba como mérito de éste el haberse paseado en sotana por la calle Sierpes en pleno verano para aprender de la sensación y ponerla en una novela; esto, tristemente, es literatura.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Estado de excepción

Giorgio Agamben, Estado de excepción. Homo sacer II, 1, Pre-Textos, Valencia, 2004

El texto pretende ser una ampliación de los estudios publicados como sección segunda de libro Homo sacer, dedicada precisamente a la figura del “Homo sacer”. Realmente se trata de un estudio exhaustivo (breve pero denso) del concepto de “estado de excepción” y de una serie de figuras jurídicas que podrían ser análogas o complementarias y también se trata de la discusión de los planteamientos y teorías que mayor influencia alcanzaron en el silo XX sobre el mismo tema; fundamentalmente se trata de Carl Schmitt, pero también de Walter Benjamin y algunos estudiosos del derecho público e historiadores del derecho romano.

El libro está dividido en seis pequeños ensayos que desarrollan aspectos diversos del tema común del libro, el estado de excepción. Lo que sigue es un resumen de la primera sección

1. El estado de excepción como paradigma de gobierno

Este ensayo pretende ilustrar la tesis de que en el Estado moderno el estado de excepción se ha ido transformando paulatinamente de una medida excepcional para casos de crisis o emergencia en una medida habitual, llegando a hacerse realidad la profecía de Benjamin en sus Tesis sobre la filosofía de la historia de que el estado de excepción es hoy día la regla y, consecuentemente, una verdadera técnica de gobierno. Un ejemplo actual de esta situación lo tenemos en los decretos emitidos por el Gobierno de los Estados Unidos como consecuencia de la agresión del 11 de septiembre de 200l, como son la military order proclamada por el presidente Bush el 13 de noviembre de 2001 que permite la detención indefinida de ciudadanos no americanos sospechosos de terrorismo y también que puedan ser juzgados por military comissions. Esta Orden corregía sustancialmente la Usa Patriot Act aprobado por el Senado el 26 de Octubre de 2001 que establecía un límite temporal de siete días para la detención de extranjeros sospechosos antes de ser puestos a disposición judicial o bien ser expulsados del país. Un caso claro de estado de detención excepcional es el de los talibanes concentrados en Guantánamo, cuyo estatuto jurídico es indeterminado, puesto que no se puede decir que ninguna ley o constitución los ampare, ni siquiera el estatuto del prisionero de guerra (POW) de la convención de Ginebra. Desde esta perspectiva, quizá sólo puedan ser comparados con los prisiones de los campos de concentración nazis durante el mandato de Hitler.

El estado de sitio. En Francia la terminología no habla de estado de excepción, sino de état de siége fictif, estado de sitio ficticio (también llamado político). Esta figura jurídica aparece por primera vez durante la Revolución en el decreto de 8 de julio de 1791 de la Asamblea constituyente. Se distingue entre el étage de paix, en el que la autoridad civil y la militar actúan cada una en su esfera; y del étage de guerre, en el que las dos autoridades actúan coordinadamente y étage de siége en el que “todas las funciones de que está investida la autoridad civil pasan al comandante militar, que los ejercita bajo su responsabilidad exclusiva” (Reinach, 1885, p. 109). El estado de sitio tiende a desligarse posteriormente de la situación bélica y se aplica para controlar estados de desorden interno, por ello se llama ficticio o político, en oposición al afectivo o militar. Agamben señala que el estado de excepción es una invención de la tradición democrático-revolucionaria y no de la absolutista.

“Plenos poderes”. Como técnica de gobierno, el estado de excepción se generaliza en las democracias europeas durante el siglo XX gracias a las leyes de plenos poderes, que consistían más a menos en la posibilidad de facultar a los gobernantes (el poder ejecutivo) para emitir decretos sin la necesidad de pasar por el poder legislativo, invadiendo así o suprimiendo las competencias de éste. Estas medidas se tomaban en estados de emergencia, ya fuera sediciosa, económica o bélica. La indistinción entre los distintos poderes del Estado es una característica esencial de estado de excepción y una práctica habitual de gobierno desde la primera guerra mundial. Algunos estados totalitarios tienen su origen en estas medidas, es el caso de la Alemania de Hitler. Aprovechar la posibilidad que otorgan las constituciones democráticas (el artículo 48 de la Constitución de la república de Weimar) para decretar el estado de excepción fue una medida habitual aprovechada para suspender de facto la constitución sine die; el III Reich fue técnicamente un estado de excepción que duró doce años, desde el día siguiente al incendio del Reichstag. Rossiter afirma que la dictadura constitucional (el estado de excepción) se ha convertido en un paradigma de gobierno, “un firmemente asentado principio constitucional”.

A partir de la página 23 Agamben elabora una Breve historia del estado de excepción donde analiza los conceptos y su aplicación en las diferentes tradiciones jurídicas europeas así como en los Estados Unidos.

Prácticamente todo el lapso de tiempo ocupado por la Primera Guerra Mundial transcurre en Francia bajo el estado de sitio. Durante este periodo, el poder ejecutivo se transforma en poder legislativo, dada la facultad de gobernar por decreto que le otorga la situación de excepción en que el Estado se encuentra inmerso. Esta indistinción de poderes, el hecho de que los actos de gobierno alcancen inmediatamente rango de Ley (la indistinción entre hecho y derecho) es lo propio del estado de excepción. Desde entonces se ha convertido en una práctica familiar en las democracias europeas.

Desaparición de la división ejecutivo-legislativo. Agamben señala, en el caso específico de la Italia contemporánea, cómo esta práctica de gobernar por decreto-ley se ha convertido en una regla de gobierno, quedando así pulverizada de facto la división entre los poderes ejecutivo y legislativo, uno de los principios fundadores de la democracia constitucional. La soberanía del Parlamento ha desaparecido quedando su función reducida a ratificar los decretos emitidos por el Ejecutivo, que no es otra cosa que un refrendo jurídico a posteriori de determinados actos de gobierno. Un síntoma del primado del hecho sobre el derecho característico de las situaciones de excepción (realmente el estado de excepción puede ser definido como la intención de dar fuerza de derecho a una situación de hecho). Aunque desde el punto de vista de Agamben, lo característico de la estructura de la excepción es que no hay un primado precisamente, sino una confusión, indistinción o mezcla entre hecho y derecho.

La Guerra Primera Mundial en Inglaterra también nos trajo una serie de medidas excepcionales cuya aprobación el gobierno solicitó al parlamento. El Defence of Realm Act del 14 de agosto de 1914 otorgaba al gobierno plenos poderes para regular la economía durante la contienda y recortaba significativamente los derechos ciudadanos permitiendo que los civiles pudieran ser juzgados por tribunales militares. Terminada la guerra, el 29 de octubre de 1920 se aprueba en un contexto de fuerte conflictividad social (con importantes huelgas en marcha) el Emergency powers Act que confería al gobierno el poder de declarar el estado de emergencia en momentos de conflictividad social y posibilitaba que los responsables de los desórdenes fueran juzgados por tribunales especiales.

El caso de los Estados Unidos de América. Los artículos 1 y 2 de la Constitución introducen la posibilidad de adoptar medidas excepcionales en caso de peligro para la seguridad pública, pero dejan abierto un conflicto entre el Presidente y el Parlamento, al no determinar de forma clara a quién corresponde la decisión soberana. Un párrafo del artículo 1 carga al Congreso con la responsabilidad de declarar la guerra y reclutar al ejército y la flota, sin embargo, el artículo 2 nombra al presidente commander in chief del ejército y la flota. Fue durante la guerra civil (1861-1865, durante el mandato de Lincoln) cuando estas contradicciones se pusieron de manifiesto. Durante ese período el presidente decretó un paquete de medidas excepcionales que lo convirtieron en dictador absoluto: el 15 abril de 1861 decreta el reclutamiento del ejército (entrando en contradicción con el artículo 1 de la Constitución), el 27 del mismo mes autorizó al jefe del estado mayor del ejército a suspender el writ de habeas corpus (es esta la medida de excepción fundamental de admite la Constitución) a discreción en las vías de comunicación entre Washington y Filadelfia; el 12 de febrero del 1862 impuso la censura del correo y el arresto y detención en cárceles militares de los sospechosos de desórdenes. En su alocución al Congreso del 4 de julio de 1861, cuya principal finalidad era convencer a los congresistas para que ratificaran las medidas tomadas, justificó su actuación con el argumento de la necesidad de violar las leyes fundamentales de la Unión en los casos de emergencia en que se veía en peligro la seguridad y la propia existencia de la Unión. La ratificación del Congreso llegó el 6 de agosto y reforzado por esta situación Lincoln proclamó el 22 de septiembre de 1862, bajo su exclusiva responsabilidad, la emancipación de los esclavos, al tiempo que extendía el estado de excepción a todo el territorio de los Estados Unidos. Efectivamente, la liberación de los esclavos fue una medida de excepción.

Durante la Gran Depresión, Roosevelt solicita al Congreso amplios poderes ejecutivos para hacer frente a la emergencia económica, exactamente igual que si de un estado de guerra se tratara. Esas medidas se transforman en un estado de excepción en toda regla tras el bombardeo a Pearl Harbour y en ellas se amparó la deportación de 70.000 ciudadanos norteamericanos de origen japonés el 18 de febrero de 1942.

Terminado este recorrido histórico sobre el concepto de excepción, Agamben afirma en la página 43 de su libro que “la idea de que una suspensión del derecho pueda ser necesaria al bien común es extraña al mundo medieval”.

La necesidad como fundamento del estado de excepción se plantea a partir de la modernidad. Los canonistas había propuesto que el “estado de necesidad” hacía perder a la ley su vis obligandi, por el contrario, los teóricos modernos tienden a colocar el fundamento de la ley precisamente en ese estado de necesidad. Santi Romano afirma que la necesidad es la fuente primera y originaria de todo derecho, así como el origen y la legitimación jurídica del Estado y su ordenamiento constitucional, cuando se instaura mediante un procedimiento de hecho, es decir, una revolución. Aquí se produce una discrepancia con respecto a las tesis de Schmitt. Para Romano, Estado y derecho van de la mano, es decir, no puede haber derecho sin Estado, por lo que niega que el concepto de poder constituyente tenga relevancia jurídica. Por el contrario, Schmitt afirma que en el caso del estado de excepción se ve perfectamente clara la idea de un Estado sin derecho; en efecto, en este caso la ley desaparece pero el estado permanece. Así justifica la idea de poder constituyente y da fundamento jurídico a la figura extrema de la excepción: la dictadura soberana.

Si en el estado de excepción el hecho se convierte en derecho, debe afirmarse también la verdad de la proposición contraria: “el derecho se suspende y se anula en el hecho.” Para Agamben la idea fundamental es la difuminación del límite entre hecho y derecho, la creación de un “umbral de indecidibilidad” entre factum e ius.

Las lagunas del derecho. En casi todos los sistemas jurídicos el juez tiene la obligación de dictar sentencia incluso en presencia de un vacío legal. Según el principio, “la ley puede tener lagunas, pero el derecho no”, el estado de excepción podría ser interpretado como una laguna en el derecho público, “a la que el poder ejecutivo está obligado a poner remedio. Un principio que se refiere al poder judicial se amplía de este modo al poder ejecutivo.” En este caso la laguna se refiere a la suspensión de la norma en un estado de necesidad para protegerla, para proteger a la norma misma y garantizar su existencia y aplicabilidad cuando la situación que ha provocado el estado de necesidad desaparezca. Se trata de la apertura de una laguna ficticia en el ordenamiento jurídico.

domingo, 13 de junio de 2010

Desafuero



"Lo fácil es creer que se desea. Lo fácil es organizarse, lo fácil es ser policía. Lo difícil es desorganizarse, lo difícil es ser ladrón, traidor. Who needs another mess? We could start over. Porque volver a empezar es ser Bucanero y amar las islas y devenir-archipiélago. Devenir como todas las islas, la inversión del Robinson Crusoe. Esto es lo difícil. Estarislado, no aislado. Conocemos bien el aislamiento. El aislamiento siempre se ejerce por fuerzas reactivas, por constituciones de “eruditos”, de “consejos”, de “asambleas de”. Esos tipos deciden, a ti te hacen quedar fuera, o bien subrayan tu estar-ya-fuera. En realidad, ellos son los verdaderos ignorantes, pues desconocen la potencia que puede un aislado. Posee, al menos, la posibilidad de Islarse, de devenir-isla. De deslizar el desierto poblándolo con nuevas singularidades, con emergencias, que no urgencias. Porque el aislado, el desaforado, es siempre paciente. Sólo cede a la impaciencia cuando es absolutamente necesario. ¿Y cuándo es absolutamente necesario? Cuando deviniendo isla, traza una línea de oleaje intempestivo que azotará la conjura del aislamiento con un devenir-archipiélago. Construir piel. Por una nueva suavidad. Las islas de suavidad siempre están desiertas. Se podrá producir. Porque el Archipiélago es el CsO de los Bucaneros y la Ontología squat. Imperceptiblemente intocables."

Antonio Miranda, Mil mutaciones, Conferencia, Valencia, Mayo 2010 

lunes, 31 de mayo de 2010

Deseo de ser piel roja


«Cuando el apache toma el camino de la guerra todo cambia -su conciencia se vuelve aun más escrupulosa, su modo de sentir el peso de la vida es distinto: está en guerra. Cabalga de otro modo y de otro modo escoge los senderos. Es como si fuera otro. Habita la mirada de otra forma y de otra forma escoge las palabras que nombran lo que ahora tiene importancia. El rayo anuncia lo que aun se debe cumplir y el trueno lo que ya ha pasado -pero él debe conocer ese instante preciso en el que hay que gritar: Ahora. Así lo explica el jefe Gerónimo.
«El apache, para que se le admita como guerrero, tiene que haber ido cuatro veces distintas por el sendero de la guerra con los de su tribu. Y durante esas cuatro guerras está severamente obligado: pero, de entre todas sus obligaciones, la más importante es conocer los nombres sagrados de todas cuantas cosas tienen que ver con la guerra. Eso explica el jefe Gerónimo. Que para poder hacer la guerra debe saber cerrar el puño alrededor del nombre secreto de cada cosa, y armarse de este modo con su poder para enfrentarse al ignorante. Eso sabe el apache acerca de lo que el blanco llama poesía: sabe lo que saben quienes cabalgan con ella, con calma, como una fuerza tranquila que avanza a pecho descubierto.»

Miguel Morey, Deseo de ser piel roja, Anagrama, Barcelona, 1994, p.p 35-36. 


«Para un buen número de tribus de América del Norte, el prestigio social de un individuo está determinado por las circunstancias que rodean ciertas pruebas a las cuales los adolescentes deben someterse en la pubertad. Algunos se abandonan sin alimento en una balsa solitaria; otros van a buscar aislamiento en la montaña, expuestos a las fieras, al frío y a la lluvia. Durante días, semanas o meses, según el caso, se privan de comer, toman sólo productos salvajes o ayunan largos periodos, y has agravan su quebrantamiento fisiológico con el uso de vomitivos. Todo es un pretexto para provocar el más allá: baños helados y prolongados, mutilaciones voluntarias de una o varias falanges, desgarramiento de las aponeurosis mediante la inserción de clavijas puntiagudas bajo los músculos dorsales, atadas con cuerdas a pesados fardos que intentan arrastrar. Si no llegan a tales extremos, por lo menos se agotan en trabajos gratuitos: depilación del cuerpo pelo por pelo, o de ramajes de pino hasta despojarlos de todas sus espinas, ahuecamiento de bloques de piedra, etc.
«En el estado de embotamiento, de debilidad o de delirio en que los dejan estas pruebas y ejercicios, esperan encontrar comunicación con el mundo sobrenatural. Conmovido por la intensidad de sus sufrimientos y plegarias, un animal mágico se verá forzado a aparecérseles; una visión les revelará al que desde ese momento será su espíritu guardián, así como el nombre por el cual serán conocidos y el poder particular otorgado por su protector, que les concederá privilegios y rangos en el seno del grupo social.
«¿Se dirá que estos indígenas nada tienen que esperar de la sociedad? Instituciones y hábitos les parecen iguales a un mecanismo cuyo funcionamiento monótono no deja lugar al azar, a la fortuna o al talento. El único medio de forzar la suerte sería arriesgarse en esas fronteras peligrosas donde las normas sociales dejan de tener un sentido al mismo tiempo que las garantías y las exigencias del grupo se desvanecen: ir hasta los límites de lo civilizado, de la resistencia fisiológica o del sufrimiento físico y moral. Pues es sobre este borde inestable donde se exponen a caer, ya sea del otro lado para no volver o, por el contrario, a captar, en el inmenso océano de inexploradas fueras que rodea a una humanidad bien regulada, una provisión personal de poder, gracias a la cual será revocado un orden social, de otra manera inmutable, en favor de temerario.
«Con todo, esa interpretación aún parece superficial. Pues en esas tribus de las praderas o de la meseta norteamericana no se trata de creencias individuales que se opongan a una doctrina colectiva. La dialéctica completa depende de los hábitos y de la filosofía del grupo. Del grupo aprenden su lección los individuos; la creencia en los espíritus guardianes es un hecho del grupo, y la sociedad toda entera es la que señala a sus miembros que para ellos no existe oportunidad alguna en el seno del orden social, si no es al precio de una tentativa absurda y desesperada para salir de él.»

C. Lévi-Strauss, Tristes trópicos, p. p. 43-44, Paidós, Barcelona, 2002 

viernes, 28 de mayo de 2010

Kind of love

El principio del deseo y el principio de realidad (Freud).

Parece como si la realidad contradijera al deseo, lo aplastara por miedo a ser aplastada por él.

Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Somos platónicos, amamos las separaciones y sus peleas, conflictos, discusiones matrimoniales, disputas entre hermanos, mi equipo contra el tuyo. Cuerpo y alma, mundo sensible/mundo inteligible, profundidad y superficie. 

Pero, "La piel es lo más profundo"(Paul Valery).


El animista no cree en las separaciones, (¿será porque es nómada?) "toda la tierra es gente" (Dersu Uzala)

Si el fuego crepita, lo regaño.

Si la fregona y el cubo discuten, hablo con ellos y juntos hacemos las paces (Chunking Express)

Y Spinoza, "no lo deseo porque es bueno, es bueno porque lo deseo".

Dios es la sustancia es la naturaleza es el deseo es lo real


Ergo, no sólo no está la realidad en conflicto con el deseo, sino que es éste, el deseo, el principio de lo real. El deseo produce lo real. Lo real es producción deseante y producción deseante es agenciamiento. Y el agenciamiento es una especie de amor, Kind of love. (Gilles Deleuze/Félix Guattari).

Ponte tu pijama rojo y encuéntralo: